Así, los niños comienzan su andadura en la vida con su mente “limpia” de las programaciones complejas propias de los adultos, es decir, sin una conciencia clara de sí mismos ni una planificación cognitiva o racional de las acciones. Ellos, simplemente, actúan, se comportan según una pre-programación básica temperamental. Y es a partir de esas acciones y de el feedback (información de vuelta) que recibe su cerebro de esas acciones, como su mente va configurándose y estableciendo sus rutinas psicológicas. Me refiero a la percepción de sí mismo o autoconcepto y a los hábitos psicológicos que le acompañarán en su vida adulta (personalidad).
¿Y cuál es el medio natural de un ser humano? Pues somos una especie social, y nuestro cerebro está diseñado para el desarrollo en el grupo. Nuestro cerebro es, en este sentido, grupal. Aunque son importantes también las interacciones visoespaciales y motoras (movimiento, coordinación...) que se producen con el entorno, en este artículo nos centraremos en las funciones mentales superiores que permiten la personalidad y la propia percepción o autoconcepto. Ý éstas se desarrollan en el grupo. Y adquieren sentido en él. Por ejemplo, el autoconcepto, que es en gran parte inconsciente (no tenemos acceso a los procesos que lo conformanl) se desarrolla en virtud de la posición percibida por el individuo en el grupo, es decir, a cómo percibe que le perciben los demás... es entonces un concepto relativo o grupal, que adquiere sentido dentro del grupo. Y toda esta percepción se configura desde la acción. La salud mental y las emociones positivas se construyen en base a autopercibirse como un miembro importante, valioso o relevante en el grupo.
Quiero decir, que no será la misma configuración la de la mente de un niño o niña que juega mucho, que habla mucho con sus compañeros, que tiene muchas relaciones con muchos niños y que muchos niños se interesan por él o ella que la de otro u otra que juega poco, que habla poco con sus compañeros o que tiene pocas relaciones con pocos niños y que pocos niños se interesan por él o ella... el feedback o información de vuelta que llega a sus cerebros sobre sí mismos no es igual. En el primer caso, se genera un concepto positivo de sí mismo; en el segundo, negativo.
Y la información fluye de forma bidireccional, es decir, luego esta información o autoconcepto que se va configurando de si mismo, motiva una serie de hábitos psicológicos y de conducta, es decir, configura a su vez las posibilidades de acción futura del humano. Así, por ejemplo, a medida que va llegando información, por ejemplo, de que juega poco, de que no se relaciona mucho y de que habla poco, la mente va configurando un concepto de sí mismo de “perfil bajo” o de poca relevancia dentro del grupo, con lo cual las emociones y pensamientos que se generarán serán consonantes con ese concepto de sí mismo.
Obviamente, el temperamento cuenta. No tienen la misma tendencia a la acción (o a las mismas acciones) los niños con un temperamento enérgico, dominante y activo que los niños con un temperamento tímido, retraído y más pasivo. Su capacidad de acción futura es muy diferente.
Pero, ¿qué implicaciones tiene esto para la vida adulta? Pues muchas, y puede determinar cómo una persona se sentirá e intercambiará con el medio. Incluso puede ser predictor de trastornos emocionales.
El papel de los padres. Esta perspectiva limita bastante el papel de los padres en la configuración de la personalidad y el autoconcepto de sus hijos, ya que éste depende más bien de lo que hacen habitualmente en su grupo, y su grupo son los otros niños con los que interacciona habitualmente. Aunque las relaciones individuales padre-madre-hijo-hermano son importantes y tenemos gran huella consciente de las mismas, la configuración de nuestra personalidad y autoconcepto se llevan a cabo por nuestro cerebro grupal y tienen que ver con nuestras acciones respecto al grupo. Las actuaciones de los padres tienen mayores efectos sobre la conducta de sus hijos dentro de su casa. Los procesos del cerebro grupal son, por otra parte, inconscientes y no tenemos memoria de ellos.