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EQUILIBRIO Y ESFUERZO 

El esfuerzo es una conducta persistente en pos de una meta necesaria para cubrir una necesidad y devolver al organismo a su equilibrio natural. ¿Y cuál es ese equilibrio natural? Pues lo contrario al esfuerzo, el reposo, la calma, el equilibrio de los procesos que suceden “solos” como en el resto del Universo.

 ¿Se esfuerza la tierra para girar alrededor del sol? ¿Se esfuerza el sol para sostenerse en el espacio? ¿Se esfuerza nuestro organismo para funcionar? Si lo hicieran malo, malo. Sería la señal de que algo no funciona y que el sistema, tarde o temprano, colapsará, perderá su equilibrio natural y puede desaparecer o... cambiar de funcionamiento, como cuando la tierra cambia su polo magnético: sacudidas, temblores, terremotos, tsunamis... crisis. Luego,si el sistema no se destruye, se restablece otro orden y... ¡a funcionar en equilibrio otra vez! Y recordemos, todas las cosas del Universo funcionan igual, sujetos a las mismas leyes de equilibrio, desde un planeta hasta una célula y.. una persona y sus procesos.

 Así, lo que motiva nuestro esfuerzo, lo que impulsa nuestra conducta son esos estados motivacionales. El más potente es el miedo. Éste genera las conductas más enérgicas de la naturaleza: ataques, agresiones, carreras, gritos, constantes fisiológicas a tope... ¿El miedo a qué? Pues el miedo a perder a nuestra pareja (afecto, seguridad, sexo...), el miedo a no tener amigos, el miedo a estar solo, el miedo a no tener dinero, a no poder pagar la hipoteca, a no cumplir con nuestro deber y ser por ello rechazados o ridiculizados, a no ser válidos, a no tener sitio en la sociedad... En el medio natural de los animales, el miedo cubre sus necesidades, más directamente relacionadas con la supervivencia: comer, dormir tranquilo, defender a la prole, aparearse, huir de un ataque... igual que viene se va cuando cumple su objetivo. En los humanos, nuestras necesidades están ligadas a la Imagen (que se interpone entre la realidad y la percepción de la realidad) al concepto condicionado de la realidad, a esa construcción simbólica y mental en la que solemos vivir y que se sostiene a través de la memoria y el pensamiento ¿Me preocupa no poder alimentarme o dormir bajo techo? ¿O me preocupa no tener dinero, que engloba todo lo demás? ¿Oyen a alguien quejarse de tener miedo a no poder disponer de alimentos?

Entonces, en el diseño original de la mente, el esfuerzo es algo excepcional que sirve únicamente al fin de cubrir un estado de necesidad. Cuando está satisfecha, cesa y a otra cosa. ¿Qué sucedería si las máquinas biológicas sostienen el esfuerzo permanentemente? Para responder solo tienen que mirar a su alrededor o... ¿hacia uno mismo? Pues crisis: sacudidas, temblores, terremotos, tsunamis... ¿recuerdan? Sería la señal de que algo no funciona y que el sistema, tarde o temprano, colapsará, perderá su equilibrio natural y puede desaparecer o... cambiar de funcionamiento. Enfermar o cambiar.

 ¿Cuál es el objetivo de la vida? ¿Esforzarnos para vivir? Desde luego, si para vivir tenemos que estar todo el rato esforzándonos, viviremos permanentemente en crisis. La vida es algo que sucede de forma natural, sin esfuerzo. Ese es su funcionamiento correcto, como todas las demás cosas del Universo: los planetas, las células, la Vía láctea, el girasol que busca los rayos... simplemente funcionan.

 No debemos esforzarnos para vivir, además, porque no es ese el objetivo. Desde que nacemos nos estamos muriendo, estamos simplemente cumpliendo un ciclo natural, como todas las cosas del Universo, desde una estrella a una bujía. Entonces, más que vivir, nuestro objetivo debe ser no morir. Bueno, no morir ahora, en el momento presente, en cada instante. ¿Cómo se consigue que algo dure más? ¿Haciendo un uso intensivo y forzando sus materiales a tope? Obviamente, no. Cuando forzamos algo (como un motor) al máximo de su funcionamiento energético, se colapsará finalmente, se acelerará algo que de todas maneras terminará pasando sí o sí: dejará de funcionar. Así que, primera regla (quizás la única): conservarse. Mantener el equilibrio. Si un avión puede volar al 25% de la capacidad de sus motores, ¿para qué forzarlos? ¿para ir más rápido? Vale, ganas llegar antes pero también aceleras el desgaste del motor y... harás menos viajes. Habrá crisis que saquen al motor de ese funcionamiento: el despegue y el aterrizaje rompen el equilibrio. Debemos acelerar y, luego, volver al equilibrio. 

 Vivir en equilibrio significaría morir en equilibrio. Vivir con miedo, morir con miedo.

Alejandro López

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