Bien, ya sabemos básicamente qué es el estrés: es la respuesta de nuestro organismo frente a la percepción de amenaza, pero... ¿cómo se desactiva?
En su medio natural, la respuesta de estrés se disipa sola una vez pasada la exposición al estímulo que la provocó. Por ejemplo, si fue un oso que nos persiguió, la respuesta de estrés hizo que nos activáramos lo suficiente como para salir corriendo y subirnos a un árbol. Una vez el oso se fue, nuestro cuerpo disipa la respuesta y el organismo vuelve a la normalidad, bajamos del árbol y continuamos nuestra vida. Ese es el funcionamiento de la respuesta de estrés tal y como fue diseñada originalmente: para una existencia pre-industrial, donde los peligros eran osos, otras fieras, otros humanos hostiles, etc. Una vez pasada la exposición al peligro, o el peligro se marchaba por su propio pie, el cuerpo volvía a su equilibrio.
Hoy en día no lo tenemos tan fácil; primero, porque la mayoría de nuestros peligros son lo que llamamos estresores psicosociales: suspender un exámen, que mi pareja me deje, no tener suficiente dinero... lo cual no implica necesariamente la exposición a un peligro físico. Por otra parte, el estresor psicosocial puede permanecer constantemente en nuestra mente por medio del pensamiento y la rememoración.
¿Cómo podemos hacer para indicar a nuestro cerebro que el peligro "pasó" si el estresor no es físico, ni vino ni se va a marchar? No, no intentes "dejar de pensar en ello"... no servirá... ¿has intentado realmente dejar de pensar en algo? en realidad, cualquier intento de lucha o de huida del estrés provocará más estrés.
Podemos imaginar que el estrés es como un monstruo que vive en nuestro interior y que se alimenta de adrenalina. Cuando algo nos avisa de que hay un peligro, como cuando comenzamos a bajar una escalera mucho más empinada de lo esperado, realizamos una descarga automática de adrenalina y el monstruo, que estaba dormido, se despierta y logra que de forma automática nos agarremos a la barandilla y no nos caigamos. Luego, aunque ya no hay peligro de caernos, el monstruo permanece con nosotros, porque mientras quede en nosotros adrenalina el mostruo podrá alimentarse de ella para vivir. Cuando pasa el tiempo sin que veamos un nuevo peligro, el cuerpo recupera su nivel normal de adrenalina y el monstruo queda en estado de hibernación, porque no tiene suficiente alimento. Cuando es el propio monstruo el que nos da miedo y lo queremos echar del cuerpo, y luchamos para que desaparezca de inmediato, volvemos a hacer otra descarga de adrenalina para poder realizar el esfuerzo de luchar contra él. El monstruo, encantado porque tiene más alimento, crece y se hace más amenazador, nos dice que va a comernos el cerebro, que nos va a dañar el corazón, y, cuando se siente fuerte, que nos puede matar.
Si aceptamos al monstruo en nuestro cuerpo y no hacemos nada para que se vaya, no lucharemos y no generaremos adrenalina; por tanto dejaremos de darle alimento y el monstruo volverá a su estado de hibernación. Para hacerlo tenemos que atrevernos a correr el riesgo de que no se vaya, porque no estamos haciendo nada para echarlo.
Este es el camino que iniciaremos... Aceptación. La lucha contra el estrés y las emociones negativas empieza por no luchar... pero eso es otra historia.